Creencias claves de IBIT

Dios es el Padre, el creador y soberano sobre todo en todo. (Gn. 1; 14:19; Job 38-41; Is. 40:28)

Jesús:

Jesús es el Cristo, el hijo único de Dios, plenamente divino y plenamente humano, uno con el Padre en naturaleza y propósito. (Jn. 1:1-3, 14, 3:16, 10:30; 20:28; Col. 2:9; Heb. 1:3, 8; I Jn. 4:9)

El vino a la tierra en forma humana (Fil. 2:5-11); nació de una virgen (Mt. 1:23), hijo primogénito de María, concebido por el Espíritu Santo (Lc. 2:35).

Vivió una vida perfecta, sin pecado (Heb.4:15), y murió en la cruz por nuestros pecados (Rom. 5:6-8).

Resucitó el tercer día (Mt. 28:5-7, I Co. 15:3-4) y fue llevado al cielo (Lc. 24:50-51).

Está sentado a la diestra de Dios, de quien ha recibido toda autoridad y todo poder. (Fil. 2:5-11; Mc. 14:62; 16:19; Lc. 22:69; Hch. 2:33; 5:31; Rom. 8:34; Ef. 1:20; Col. 3:1; Heb. 1:3)

Él es el único Salvador–por El y en Él somos salvos (Jn. 3:17, 10:9, 12:47, 14:6; Hch. 2:21, 4:12; 15:11, 16:31; Rom. 5:9-10, 10:9, 13; Ef. 2:5, 8-9; Tito 3:5, Heb. 7:25).

Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia (Ef. 5:23-32; I Co. 12:12-27, Heb. 12:22-24; Ef. 1:22-23; 3:10, 21). La iglesia no es una institución humana sino el cuerpo vivo de Cristo, compuesto por todos los creyentes en todo lugar y tiempo. Cristo ejerce su autoridad directamente sobre cada creyente y sobre la comunidad de creyentes en su conjunto.

Él es nuestro Señor (I Co. 12:3; Fil. 2:5-11; Col. 2:6; I Tes. 1:3, 2:19, 3:13, 5:9; 2 Pe. 1:8, 3:18).

Él es nuestro intercesor (Rom. 8:34; Heb. 7:25) y mediador (1 Tim. 2:5).

Dios mismo y toda la Biblia apuntan a Cristo como el centro de todo lo que creemos y enseñamos.

En Cristo se cumplen muchos prototipos de la Ley (Gn. 12:7; Ex. 12:21-23; Ex. 16:15; Nm. 21:8-9; Lv. 16:3-25, Dt. 18:15; y más)

Los profetas anuncian quién es y qué hará (Is. 7:14; 9:6-7; 40:3-5; 42:1-4; 53; 61:1-3; Dn. 7:13-14; Os. 11:1; Miq. 5:2; Zac. 9:9-11; Mal. 3:1, y más)

Los Salmos y las Escrituras hablan de Él (Sal. 2:7; 16:8-10; 22; 69:9; 110:1-4; 118:22-23, y más)

Los 4 evangelios describen su ministerio y cómo cumplió la misión que Dios le dio. Jesús mismo establece que toda la escritura habla de él, estableciendo esto como un principio hermenéutico (Lucas 24:27, 44-45).

Todas las cartas del Nuevo Testamento y Apocalipsis apuntan hacia Cristo, y profundizan más de lo que Cristo es, hizo, hace, y hará en la iglesia, el mundo, y el universo.

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios que se recibe luego de haber creído, y obra para enseñar, instruir, guiar, recordar, consolar, y capacitar al creyente a seguir a Dios en su vida (Jn. 14:17, 26; 15:26; 16:13, 15; Hch. 1:8; 2:4; 4:31; Rom. 5:5; Rom. 8). Es este Espíritu el que provee dones a los cristianos, para que los usen y así edificar a la iglesia (I Co. 12:4-13). El fruto del Espíritu es la evidencia de su presencia. (Gálatas 5:22-23)

 

La Biblia es la Palabra inspirada de Dios (Is. 55:10-11; Mt. 4:4; 2 Tim. 3:16-17); sus principios y/o prácticas son aplicables a través de todos los tiempos. (Sal. 119)

 

La salvación es por gracia mediante la fe, y no por obras (Ef. 2:8-9, Tito 3:5, 2 Tim. 1:9). El proceso de salvación incluye varios puntos, que a veces ocurren en diferentes órdenes, y los principales son:

Escuchar la Palabra (Rom. 10:14)

Creer (Rom. 10:9-10, Jn. 20:31, Hch. 16:31-34)

Arrepentirse de pecados (Hch. 2:38);

Confesar a Cristo (Rom. 10:9-10)

Bautizarse por inmersión (Hch. 2:41; 8:12, 38; 10:47-48; 16:33; Rom. 6:3). Este bautismo es una respuesta pública y simbólica de la fe y la obediencia del creyente, mediante el cual participa en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Rom. 6:3-4; Col. 2:12). El Nuevo Testamento lo asocia con el perdón de pecados (Hch. 2:38, Col. 2:13-14, I Ped.2:24, Heb. 9:26, 10:10-14, I Jn. 1:7)), el revestirse de Cristo (Gá. 3:27) y la salvación (1 Pe. 3:21) — no como obra meritoria, sino como expresión de la fe en la obra ya consumada de Cristo, y como momento en que Dios actúa por gracia según su promesa.

El NT también asocia el Espíritu Santo con el bautismo (Hch. 2:38, 8:17; 10:47; 19:6), pero llega en distintos momentos y varias maneras.

Llevar una vida de fidelidad a Dios y su Palabra. (Col. 3; Ef. 2:10; 4:17-5:21; Stg. 2:14-26)

Puntos adicionales:

Vale la pena notar que ninguno de los pasajes dados contiene todos los seis puntos mencionados.

Dios mismo es quien nos reconcilia consigo, nos regenera y nos salva en Cristo (2 Corintios 5:17-19). La fe, el arrepentimiento, la confesión, el bautismo y la vida obediente son respuestas que el Espíritu Santo produce en el creyente, no méritos que ganamos.

 

La iglesia está formada por personas que han creído y obedecido conforme al patrón bíblico mostrado arriba, siendo añadidas por Dios a Su Iglesia al ser salvas por Él (Hch. 2:42-47). Cada miembro busca vivir bajo la gracia y el perdón de Jesús, siguiendo a Dios, A Cristo, y Su Palabra, recordando los principios de Mateo 22:37-40, Romanos 14, I Juan 1:7-9, y otros textos.

Cristo volverá en gloria para resucitar a los muertos y juzgar a todos (Jn. 5:28-29; Hch. 17:31; 2 Co. 5:10). Los que hayan perseverado en la fe, no por perfección propia sino por la gracia sostenedora de Dios, pasarán la eternidad en su presencia (Fil.1:6; Jud. 1:24; Mt. 25:31-46; 1 Tes. 4:13-18; Ap. 21:1-4; 22:3-5). Los que hayan rechazado a Cristo enfrentarán la separación eterna de Dios (Mt. 25:41, 46; 2 Tes. 1:8-9; Ap. 20:11-15)

 

Nota final: Como institución educativa bíblica, todas nuestras creencias están abiertas al estudio serio, al diálogo respetuoso y al examen continuo a la luz de las Sagradas Escrituras. Afirmamos la importancia de amarnos los unos a los otros aun cuando no hay acuerdo total, según la actitud expresada en Romanos 14.